domingo, 6 de enero de 2013
28
Susan toma su teléfono y saca una foto de "su hombre", como le gusta llamarlo. El, tirado sobre el sofá verde, con una d[x]i tapándole la cara y un plato de pistachos en el suelo, ronca ligeramente, como si se le hubiera quedado un pañuelo en la tráquea, nada muy estruendoso ni calamitoso. Un ronquido suave. Justamente por eso Susan le dice "mi hombre", porque aunque roncar no es sólo una cosa del homo sapiens, si la caricatura del hombre primitivo roncando le parece atractiva. Su barba, sus piernas peludas. "Me encanta mi hombre" y sube la foto a Instagram.
Bruno conoció a Susan un día viernes, justo después que Bruno había decidido no relacionarse más con su ex, Camila. No tenían mala onda Bruno y Camila, sólo que el amor no era precisamente una cosa que fluyera entre ellos.
Bruno, ese viernes, sacó en una mochila algunas de sus cosas, poleras, condones, sus lentes, en una mochila, se subió a su bici y pedaleó hacia la casa de Anibal, quien lo recibió por el fin de semana.
Bruno siempre pensó que no quería ser como esas parejas que caminan por Bellavista, posando, con sus wayfarer de luca o 100 lucas, sin tomarse de la mano. Una especie de ñoño romántico.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario